En la antigua República Democrática Alemana, la Stasi es una organización que actúa como policía secreta del régimen comunista. Su principal función es investigar la vida de "los otros" y perseguir a todos aquéllos que tienen unos principios diferentes a los del pensamiento establecido. En la década de los 80, el militar Gerd Wiesler es uno de los oficiales más eficientes y competentes de la Stasi. Sin embargo, su vida cambia cuando empieza a espiar a una famosa pareja compuesta por un escritor prestigioso y una popular actriz. Nominada al Oscar a la mejor película extranjera, "La vida de los otros" es el primer largometraje del director germano Florian Henckel von Donnersmarck. El joven realizador fraguó su proyecto gracias a los s que tenía de sus visitas al Berlín de la RDA y al miedo interno que sentían los propios alemanes. A pesar de lo estereotipado de los personajes, el relato no está basado estrictamente en hechos reales, sino en una realidad histórica concreta. Se trata de un drama que ahonda en la capacidad de los seres humanos para hacer siempre lo correcto. Martina Gedeck (Las partículas elementales) y Sebastian Koch (El libro negro) son la pareja protagonista. Les acompaña el veterano actor alemán Ulrich Mühe, quien ya coincidió con Koch en el rodaje de "Amén". En los recientes Premios de Cine Europeos, la cinta se llevó el de mejor película, mejor actor (Ulrich Mühe) y mejor guión, del propio director.
CRÍTICA
La vida de los otros es la ópera prima de Florian Henckel von Donnersmarck, quien acierta a articular un discurso multiangular sobre la perversión sistemática del ejercicio del poder con toda la traca inherente a la obra magna de un cineasta X en la cumbre de su madurez. Es ésta una de las mejores, si no incluso la mejor, de las películas alemanas que han conseguido cruzar fronteras en los últimos tiempos, y lo es desde su tupido laberinto de patologías sociopolíticas, la pulida excelencia de una dramaturgia de gran calibre. No es desproporcionado sentenciar que La vida de los otros suma en la lista de grandes hitos del cine de guerra fría, con la articulación de un discurso de pequeña escala sobre los interiores deleznables y nauseabundos del totalitarismo represor, que usurpa la intimidad de las vidas ajenas desnaturalizando el equilibrio cardinal entre esfera pública y privada en aras de una ortodoxia ideológica de tinieblas. Von Donnersmarck lo borda resucitando las mejores esencias del thriller político europeo pero, y he ahí donde radica el milagro, a ras de mala conciencia, a la altura de la interacción venenosa, e invisible, entre un oficial monolítico de la Stasi y los dos objetos, un escritor y una actriz, de sus tóxicas pesquisas. La película no es una revisión justiciera del hervidero irrespirable de esa Alemania del este que devoraba la libertad elemental de sus inquilinos con mordazas y paranoias persecutorias intervencionistas, sino un retrato ejemplar de personajes, una introspección en la ruina subjetiva de las víctimas y los verdugos del sistema, desde la suficiencia perfecta de un esquema dramático que funciona hasta en los más ínfimos detalles. El novato director plantea el sobrecogedor dilema de la alienación del individuo (desarrollado especialmente en el personaje protagónico femenino, al que da vida Martina Gedeck), deshumanizado por los excesos desatados del dominador de turno, que sucumbe inevitablemente a la estrategia del terror y acaba vendiendo su alma por la presión insoportable de las circunstancias. Esa exacerbada tensión entre el poder, y sus intermediarios, y el librepensador medio, proscrito exclusivamente por el potencial revolucionario de su privilegiado cráneo, es la arteria principal por la que fluye la irresistible intensidad de este ejemplar pedazo de celuloide. Puedes ver el triller y visitar la web oficial.
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